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María, mujer eucarística

Queridos diocesanos:

Mayo es el mes dedicado de modo singular a la Virgen María. En este año pastoral, centrado en la Eucaristía, podemos contemplar a María como “mujer eucarística”: la Virgen nos enseñará a creer, celebrar, amar, adorar y vivir la Eucaristía para llegar a ser, como ella, discípulos misioneros del Señor y hacer así de nuestras parroquias, comunidades vivas y misioneras.

María es “mujer Eucarística”; así la llamó por primera vez en la historia san Juan Pablo II en su carta encíclica Ecclesia de Eucaristia. Así como Iglesia y Eucaristía son inseparables, lo mismo se puede decir de María y la Eucaristía. No sabemos si la Virgen celebró la última Cena con Jesús y los apóstoles. Tampoco se dice en el Nuevo Testamento que celebrase la Eucaristía con los apóstoles, aunque lo más seguro es que así fuera: María, que estaba con los apóstoles unida en la oración a la espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14), no pudo faltar en las celebraciones eucarísticas de los primeros cristianos, asiduos en la oración y en la fracción del pan (cf. Hch 2,42), es decir, de la Eucaristía.

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consagración Almenara

Almenara se prepara al aniversario de la coronación de su patrona con la Consagración a María

La parroquia de los Santos Juanes de Almenara ha comenzado unas catequesis semanales para prepararse a la consagración a Cristo a través de la Virgen María, siguiendo la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort. El párroco, Sergio Mendoza, ha explicado que esta iniciativa servirá de preparación espiritual al 15 aniversario de la coronación de la patrona de la localidad, la Virgen del Buensuceso. La coincidencia de fecha resulta providencial, ya que hace dos años se contactó con la Fraternidad Arca de María pero no ha sido posible organizarlo hasta ahora.

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María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra

Queridos diocesanos:

A través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino, del mes de febrero pasado, la Santa Sede ha establecido que la memoria de la “Virgen María, Madre de la Iglesia” se celebre cada año el lunes siguiente a Pentecostés. A partir de ahora, esta memoria deberá celebrarse en toda la Iglesia en la celebración de la Misa y en la Liturgia de las Horas. De momento sólo contamos con los textos litúrgicos en latín; para poder hacerlo en castellano hemos de esperar a su traducción y aprobación por la Conferencia Episcopal Española y su confirmación por la Santa Sede. Leer más

Con la Virgen María al encuentro con Cristo Jesús

 Queridos diocesanos:

Después de la pausa veraniega retomamos nuestra cita semanal. En este mes de septiembre muchos de nuestros pueblos y ciudades celebran sus fiestas en honor a la Virgen María. En la Diócesis celebraremos la Fiesta nuestra Patrona la Virgen de la Cueva Santa el día 11 de septiembre; a las 13h, subiremos al santuario de la Cueva Santa para mostrarle nuestro afecto sincero e implorar su protección, cuando nos disponemos a comenzar un nuevo curso pastoral.

Jesús, desde de la Cruz, nos ha dado y dejado en la persona del Apóstol Juan, a su madre, la Virgen María, como madre de todos los cristianos. Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María, porque no quiere que caminemos sin una madre.  Leer más

María, madre de misericordia

Queridos diocesanos: En la Salve Regina llamamos a María ‘Madre de Misericordia‘. Ella, que ha experimentado la misericordia divina, que ha acogido en su seno la fuente misma de esta misericordia, Jesucristo, y que ha vivido siempre íntimamente unida a su Hijo, sabe mejor que nadie lo que Él quiere: que a ninguna persona le […]

María, la virgen creyente y fiel

Queridos diocesanos:

Mayo es el mes dedicado a la Virgen María para honrarla y rezarla, para agradecer su presencia en nuestra vida, para invocar su protección y para dar gracias a Dios por tan buena Madre. En el presente Año de la Fe, Mayo debería ser sobre todo un mes para contemplar a María en su camino de fe cristiana. En su carta convocatoria del Año de la Fe, Benedicto XVI propone a María como el principal ejemplo de fe y a ella, proclamada ‘bienaventurada porque ha creído’ (Lc 1,45), le confía este tiempo de gracia (PF13,15). La Virgen, que escuchó la buena Noticia y la acogió en su corazón, nos enseña a escuchar, meditar y proclamar la Palabra de Dios, para avivar y fortalecer nuestra fe.

La vida entera de María es un largo itinerario de fe. María escucha el saludo del Ángel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”; en su turbación, medita qué podría significar aquel saludo. La voz del ángel suena de nuevo para darle firmeza y sostenerla en la escucha, pero sus palabras son más desconcertantes aún: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. El será grande, se llamará Hijo el Altísimo”. Ante estas palabras, la Virgen de Nazaret no duda, pero indaga: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. Y, sobre todo, la Virgen se fía de Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (cf. Lc 1,26-38). Con este acto de fe, de confianza y de disponibilidad, María se convierte en ‘Madre del Señor’; así se consuma el mayor y más decisivo acto de fe en la historia del mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “La Virgen María es la realización más perfecta de la fe” (n. 144).

En su libertad y por su humildad, la Virgen está abierta siempre al designio de Dios, se fía plenamente de su palabra; cree que será la Madre del Salvador sin perder la virginidad; ella, la mujer humilde que se sabe deudora de Dios de todo su ser, cree que será verdadera Madre de Dios, que el fruto de su seno será realmente el Hijo del Altísimo. Desde el primer instante se adhiere con todo su corazón al plan de Dios sobre ella, un plan que trastoca el orden natural de las cosas: una virgen madre, una criatura madre del Creador. María cree cuando el ángel le habla, y sigue creyendo cuando el ángel la deja sola, y se ve rodeada de las humildes circunstancias de una mujer cualquiera que está para ser madre. El acto de fe de María no fue fácil, pero supo confiarse a Dios. La verdadera fe no es nunca un privilegio o un honor, sino que siempre significa un morir a sí mismo para abrirse a Dios y a su vida; y así fue sobre todo la fe de María.

Toda la vida de María fue una peregrinación en la fe. Ni el designio de Dios ni la divinidad de su Hijo le fueron totalmente manifiestos; ella se fio de Dios y vivió apoyándose en la Palabra de Dios. El plan divino se le ocultó a veces bajo un velo oscuro y desconcertante: así la extrema pobreza en que nace Jesús, la necesidad de huir al destierro para salvarle de Herodes, las fatigas para proporcionarle lo estrictamente necesario, su sufrimiento al pie de la Cruz. María, aunque no entendía muchas cosas, no dudó que aquel hijo débil e indefenso, era el Hijo de Dios. La Virgen creyó y se fio siempre, aun cuando no entendiera el misterio. La Virgen, como dijo Benedicto XVI vive toda su existencia dentro de la Palabra de Dios, está como impregnada esta Palabra; todo su pensamiento, toda su voluntad y todas sus acciones están impreg­nados y formados por la Palabra. Al habitar ella misma en la Palabra, puede convertirse también en la ‘Morada’ nueva de la Palabra en el mundo. Sin María no hubo alumbramiento del Hijo de Dios en Belén ni nacerá hoy en el corazón de los hombres por la predicación del Evangelio. Caminemos todos tras las huellas de María.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón