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Domund: Cambia el mundo

Queridos diocesanos

Octubre es el mes misionero por excelencia. Su momento central es la Jornada del Domund, el Domingo Mundial de la Misiones, que este año celebramos el día 21 de octubre. Organizada por las Obras Misionales Pontificias (OMP), esta Jornada quiere promover el compromiso de los cristianos para que el anuncio del Evangelio llegue a todos los ámbitos del mundo, junto con el cambio y la promoción social que conlleva. Este día debería servir para renovar y potenciar nuestro recuerdo agradecido, nuestra oración sincera y nuestro compromiso solidario con tantos misioneros y misioneras, que, siguiendo la llamada del Señor, lo han dejado todo y entregan su existencia para que la Buena Nueva resuene en todos los continentes. Son muchas y, en algunos casos extremas las carencias y necesidades materiales de los misioneros en el cumplimiento de su tarea evangelizadora y promotora del desarrollo completo de las personas, en especial de los más pobres.

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Presentación Domund 2018

Presentación de la Campaña del Domund 2018

Esta mañana se ha presentado la Campaña del Domingo de las misiones, Domund, en la Diócesis. Será el próximo domingo 21 de octubre y este año lleva por lema “Cambiar el mundo”. Miguel Abril, delegado de misiones y director diocesano de la Obras Misionales Pontificias (OMP) ha explicado que “cambiar el mundo supone un compromiso personal de dar la propia vida, y esto lo representan muy bien los misioneros”.

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Anunciar a Jesucristo vivo

Queridos diocesanos:

Este domingo, 22 de octubre, celebramos con toda la Iglesia católica la Jornada Mundial de las Misiones, el día del Domund. Cada año, esta Jornada es una ocasión privilegiada para que todos los integrantes del Pueblo de Dios tomemos conciencia de la permanente validez del mandato misionero de Jesús de hacer discípulos suyos a todos los pueblos (cf. Mt 28, 19). Aún son muchos los que no conocen a Jesucristo. El mandato y el compromiso misioneros valen para todos los bautizados; la misión atañe a todos y cada uno de los cristianos, a nuestra Iglesia, a las parroquias, y a las comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales. Todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a participar en la misión que el Señor nos ha confiado. La Iglesia es misionera por naturaleza; “si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo” nos dice el Papa Francisco.

El Mensaje del Papa nos recuerda que la misión es el corazón de la fe cristiana; y el lema de la Jornada nos invita a ser valientes porque la misión nos espera; una llamada urgente a compartir con el mundo entero la gracia del encuentro con Jesucristo.

Ante un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas,  hemos de seguir anunciando el Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida. Nuestra misión como cristianos y como Iglesia se funda en la fuerza transformadora del Evangelio. Nuestra misión no es propagar una ideología religiosa ni tampoco proponer una ética sublime. La misión de la Iglesia es anunciar y ofrecer a Jesucristo y el Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva porque contiene y ofrece una vida nueva: la vida de Cristo resucitado. Cuando se acoge esta vida nueva, comunicada por el Espíritu Santo, Cristo Jesús se convierte en Camino, Verdad y Vida de las personas; en Camino que invita a seguirlo con confianza y valor para experimentar así la Verdad y recibir su Vida, que es la plena comunión con Dios y germen de comunión con todos los hombres y la creación; una comunión que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor. La vida nueva de Cristo Resucitado transforma el corazón de la personas, condición siempre indispensable para la trasformación de la relaciones personales y sociales, y de las estructuras injustas y de pecado. De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama.

La misión de la Iglesia y la misión de todo cristiano es llevar al encuentro personal y transformador con Jesucristo vivo. A través de nuestra misión, Jesucristo mismo sigue evangelizando, saliendo al encuentro, actuando y salvando. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo para siempre como una fuerza imparable.  El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial, nos dice el papa Francisco. “Cristo, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”.

“Sé valiente, la misión te espera”, es el lema del Domund de este año. A cada uno de nosotros, por el bautismo, se nos ha confiado la misión de ser misioneros valientes de Jesucristo en medio de nuestra vida. Ser valiente significa salir de nuestra comodidad para encontrarnos con el otro y llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio; ser valiente es dejarme involucrar y comprometer; ser valiente es sentirme responsable de la misión y colaborar con la oración y económicamente; ser valiente es responder a la llamada a implicar mi vida en la evangelización universal. “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (Evangelii gaudium, 273). No busquemos justificaciones fáciles para inhibirnos. Redoblemos, pues, nuestro compromiso con la misión y las misiones.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

La Iglesia: misionera de la misericorida

Queridos diocesanos:

Este domingo, 23 de octubre, celebramos con toda la Iglesia la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. El lema elegido para este año es “Sal de tu tierra”.  En el Jubileo de la Misericordia, el Domund nos invita a cristianos y comunidades cristianas a salir de nosotros mismos, de nuestras fronteras y de la propia comodidad, para ser discípulos misioneros del Señor y poner al servicio de los demás los propios talentos, creatividad y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana. Es una salida que supone un envío y tiene un destino universal.  En virtud del mandato misionero de Jesús, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor.  Ella tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La pasión y la entrega de todo misionero tienen su origen en el encuentro transformador con Jesucristo, la misericordia encarnada de Dios, que les hace ser portadores de la misericordia de Dios a todos. Quien se encuentra personalmente con Cristo vivo, quien ha experimentado la misericordia de Dios en su vida, se convierte necesariamente en misionero suyo para anunciarle y llevarle a todos; el misionero sabe que Jesús “camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Francisco, EG 266).

2847 LH oct 23 - p3 Obispo

Julia Gómez Pedro, misionera seglar de La Vilavella, en la misión de Hondo Valle (República dominicana) en 1975

 

 

 

 

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Fe, caridad y misión

Queridos diocesanos:

La Jornada del Domund, el domingo 20 de octubre, nos recuerda algo que es connatural a la Iglesia entera y a todo bautizado: la misión. La comunidad de los creyentes ha sido convocada por Jesús para ser enviada. Su misión consiste en llevar a todos los hombres de todos los tiempos la Buena Nueva del amor de Dios hacia todos los hombres, realizada y ofrecida en Jesucristo y en su Iglesia.

En el Año de la fe, esta Jornada tiene como lema: ‘Fe + caridad = misión”. La fuerza misionera de todo cristiano y de toda comunidad cristiana dependen de la fortaleza de su fe y de su caridad. Como nos recordó Benedicto XVI: “No hay mayor obra de caridad que el anuncio del Evangelio”. Durante este Año de la fe hemos tenido ocasión de avivar la fe y de redescubrir la alegría de creer para impulsar el anuncio del Evangelio. La fe es un don precioso de Dios, que abre nuestra mente y nuestro corazón para que lo podamos conocer y amar. Dios sale a nuestro encuentro, Dios quiere hacernos partícipes de su misma vida y hacer que la nuestra esté más llena de significado, sea más bella y mejor. Pero la fe necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta personal, el coraje confiar en Dios, de vivir su amor, agradecidos por su infinita misericordia.

Ahora bien, la fe es un don que no es sólo para unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente; es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si lo guardamos sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos. El anuncio del Evangelio forma parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia. “Una comunidad es “adulta”, nos recuerda el Papa Francisco, cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a los “suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo”.

El mandato de Jesús,“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19) sigue siendo válido hoy. Y no sólo en los llamados ‘países de misión’; también nuestra tierra es país misión: crece el número de quienes desconocen a Jesucristo y, para muchos bautizados, Dios, Jesucristo y su Evangelio significan poco o nada en su vida. Jesús nos llama de nuevo a todos, comunidades y fieles cristianos, a reavivar nuestra conciencia y compromiso misioneros: es hora de anunciar a Dios y su Amor. !Dios nos ama!. Es hora de anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin complejos y sin miedos. Requisito básico para acoger la invitación del Señor es que experimentemos personalmente que Dios nos ama, que las comunidades vivan y transmitan el misterio del amor misericordioso de Dios hacia todos y que sean signos de este Dios para los hombres y mujeres de hoy.

Es necesario también que los cristianos nos encontremos personalmente con el Señor Jesús, acojamos en Él a Dios que nos ama, aprendamos a amarle, vivamos la fe y la caridad. Este es el humus en que surgen las vocaciones a la misión. Quien acoge y experimenta el amor de Dios, se convierte en testigo de este amor para los demás.  Este ha sido el caso de tantos hijos e hijas de esta Iglesia, que han desgastado sus vidas en la misión. El amor es la fuerza y el criterio de la misión. Ser misioneros significa amar a Dios con todo lo que uno es hasta dar la vida por Él para que otros lo conozcan y experimenten en su vida.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente,

Obispo de Segorbe-Castellón