La iniciación cristiana, objetivo compartido de catequistas y profesores de religión

Mons. Casimiro López Llorente se felicitaba del acto común. Catequistas y profesores de religión participaron juntos en la Misa en la que se enviaba los primeros y se concedía la “Missio canónica” a los docentes. La coincidencia no es casual. Unos y otros “comparten una misma misión, implicados en el proceso de iniciación cristiana de niños y jóvenes”, afirmaba el Obispo durante la homilía.

Aunque la catequesis es más vivencial y la clase de religión responde a un contexto académico, Mons. López Llorente exhortaba a “trabajar muy unidos teniendo en cuenta las personas”. En este sentido, invitaba a que en la ceremonia del año que viene participen también las comunidades parroquiales, ya que “la iniciación cristiana afecta a todos”, argumentaba.

 

Para la tarea que tienen encomendada, el Obispo ha presentado tres pilares: Saberse enviados por un Jesucristo al que se ama y se sigue como discípulo, reconocer la misión de hacer discípulos del Señor, lo que implica que no solo se conoce sino que los jóvenes se dejan transformar por Él, y en tercer lugar la confianza de que a pesar de las dificultades “el Señor está con nosotros, nos alienta con la fuerza del Espíritu Santo y nos acompaña”.

Contenido de la Missio y envío

La Missio canónica que se entrega al profesorado de religión responde al artículo 3 del Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español sobre enseñanza y asuntos culturales, y al artículo 7§2 del Decreto General de la Conferencia Episcopal Española de 26 de noviembre de 1983, habiendo sido nombrado a propuesta del Obispo para el centro de enseñanza. Este curso hay 355 profesores de religión tanto en centros públicos como concertados y privados.

 

En el caso de los catequistas, en su carta de envío se declara que participan de modo especial del mismo ministerio apostólico de la Palabra, cuyo principal responsable y titular en la Iglesia diocesana es el Obispo. El catequista actúa como enviado de la Iglesia y en su nombre transmite la fe. El envío por parte del Obispo diocesano es signo de la eclesialidad de esta tarea y de la participación especial en el ministerio de la Palabra, así como expresión de comunión personal con la Iglesia y con el Obispo diocesano en la fe y en la misión.

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