Homilía en la Ordenación de los Presbíteros César Igual y Jon Solozabal

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 20 de junio de 2020

(Dt 7,6-11; Salmo 102; Hechos 20,17-28-32.36; Mt 11, 25-30)

 

Amados todos en el Señor!

Acción de gracias

  1. “La misericordia del Señor dura por siempre” (Sal 88). Con estas palabras del Salmo de hoy os invito a poner, antes de nada, la mirada en Dios. Esta mañana le bendecimos y damos gracias, porque nos concede el don de dos nuevos sacerdotes. Sois, queridos César y Jon. dones del amor misericordioso de Dios para nuestra Iglesia diocesana, que se ve agraciada en vuestras personas. Nos unimos a vuestra alegría, y juntos cantamos al Señor por su gran amor para con vosotros, para vuestras familias y para nuestra Iglesia. Dios nunca abandona a su Iglesia, es eternamente fiel y nos sigue concediendo “pastores según su corazón” (cf. Jr 3,15).

 

Quiero expresar también mi sincera gratitud y mi cordial felicitación a todos cuantos han cuidado de vuestra formación: rectores, formadores, profesores, padres espirituales y párrocos; mi gratitud y felicitación también para vuestros padres, catequistas, familiares, sacerdotes amigos y para cuantos os han ayudado en el camino hasta el sacerdocio. Estoy seguro de que seguirán estando cerca de vosotros con la oración y el apoyo humano y espiritual necesario para que perseveréis con alegría y generosidad en el ministerio sacerdotal y podáis cumplir la misión que el Señor os confía hoy.

 

Elegidos y consagrados

  1. Esta mañana, el Señor os elige y consagra presbíteros para ser pastores en la Iglesia y actuar en el nombre “et in persona” de Jesucristo, el Buen Pastor. Mediante la imposición de mis manos y la plegaria de consagración, quedaréis convertidos en presbíteros para ser pastores del pueblo santo de Dios, “que él adquirió con su propia sangre” (Hech 20. 18).

 

Sois elegidos por el Señor. No sois vosotros los que me habéis elegido a mí, sino yo quien os ha elegido a vosotros”, os dice Jesús (Jn 15,16). Como al pueblo de Israel, en la primera lectura de hoy, es el Señor mismo quien os ha elegido para ser santos y propiedad suya. “El Señor se enamoró de vosotros y os eligió” (Dt 7,7). Vuestro sacerdocio es fruto de una iniciativa amorosa del Señor, “por puro amor a vosotros”, totalmente gratuita por su parte. Él es quien os ha elegido, ha ido por delante en vuestra vida, os ha ido os sacando de vuestras esclavitudes, os ha ido probando y forjando según su corazón. Vuestra respuesta -ciertamente generosa, alegre, confiada y tenaz- es la acogida de este amor divino. Así lo habéis expresado al ser presentados, con la palabra: ‘presente’. Y el Señor hoy os consagra, es decir os hace sacerdotes de su propiedad. Nos lo recuerda el gesto de la imposición de las manos. Cuando os imponga las manos, es el Señor mismo quien lo hace. Él tomará posesión de cada uno de vosotros diciéndoos: “Tú me perteneces”. Pero de este modo os dice también: “Tú estás bajo la protección de mis manos, como lo estuvo el pueblo de Israel. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú estás protegido en mis manos y te encuentras en la inmensidad de mi amor”. Y Dios es fiel y “mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos” (Dt 7, 9).

 

Es vital que mantengáis vivo en vuestra memoria y en vuestro corazón este momento de vuestra ordenación. El Señor siempre estará en vosotros y a vuestro lado para protegeros y alentaros, para cuidaros en la inmensidad de su misericordia. Él será vuestra fuerza y sustento. Dirigid siempre vuestra mirada hacia Él y dadle la mano; así no correréis el peligro de abandonar el amor primero (cf. Ap 2,4) de este día de vuestra ordenación. Dejad que la mano del Señor os tome; así no os perderéis en la obscuridad de la niebla ni os hundiréis ante la mar alborotada. La fe en Jesús, Hijo del Dios vivo, os llevará a coger su mano en los momentos de cansancio apostólico, de debilidad personal, o de dificultad y desaliento pastoral.

 

Para ser pastores en nombre del Buen Pastor

  1. Sois elegidos y consagrados para ser pastores del Pueblo santo de Dios en nombre y representación de Jesús, el Buen Pastor. Los sacerdotes no podemos olvidar nunca esta referencia fundamental: somos pastores del rebaño de Jesucristo, Cabeza y Pastor. Como partícipes de su sacerdocio, estamos llamados a actuar en su nombre y con su autoridad. Por lo tanto, hemos de ser transparencia cabal de Jesús y, para ello, hemos de mirarnos en Él.

 

Y Jesús nos dice: “Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10, 11). Así se presenta Jesús ante sus discípulos. Frente a los falsos pastores de Israel, que sólo piensan en sí mismos y no se preocupan de las ovejas; frente a los pastores incapaces de arriesgar su vida en el peligro; frente a los pastores pusilánimes, que ven venir al lobo, abandonan las ovejas y huyen, Jesús se presenta ante sus discípulos como el Buen Pastor. Él es el pastor abnegado hasta el agotamiento, que cuida a sus ovejas, que busca a la extraviada, que cura a la herida, que carga sobre sus hombros a la extenuada y que en su sacrificio pascual, en obediencia al Padre y por amor a los hombres, da la vida por sus ovejas. Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extraña (cf. Jn 10,11-14). Su rebaño es su familia y su vida. No es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre (cf. Jn 10, 3-4). Y quiere reunir a las ovejas que todavía no están con él (cf. Jn 10,16). ¡Qué hermoso programa de vida para todo sacerdote!

 

Según el Corazón de Jesús

  1. Para ser trasparencia cabal del Buen Pastor es necesario que como sacerdotes dejéis que vuestro corazón se penetre por el estilo de Jesús y os dejéis configurar por los sentimientos de su corazón. Ayer, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, pudimos contemplar su Corazón, es decir, su interioridad, las raíces más solidas de su vida, el núcleo de sus afectos; en una palabra, el centro de su persona y su corazón como Buen Pastor. Nuestra Iglesia y nuestra sociedad necesitan sacerdotes y pastores según el Corazón de Cristo.

 

Entre otras muchas características, el Corazón de Jesús es un corazón misericordioso. En palabras del Papa Francisco, dirigiéndose a los sacerdotes, “el corazón del Buen Pastor… es la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado. Al mirar a ese corazón, renuevo el primer amor: el recuerdo de cuando el Señor tocó mi alma y me llamó a seguirlo, la alegría de haber echado las redes de la vida confiando en su palabra (cf. Lc 5,5)” (Homilía de 3.06.2016). Jesús además pasa curando y haciendo el bien a todos aquellos que son prisioneros del mal; desciende a los abismos de la debilidad humana y del pecado para revelar el corazón misericordioso del Padre. El sacerdote es él mismo y en primer lugar destinatario de la misericordia y necesitado de experimentar asiduamente el perdón de sus pecados en el sacramento de la Reconciliación. Y a la vez es ministro de la misericordia y de la reconciliación. Necesitamos sacerdotes con experiencia personal de la misericordia y con actitud misericordiosa, capaces de acoger, escuchar, acompañar a los hermanos, de modo particular en el sacramento de la Confesión.

 

El Corazón de Jesús es un corazón agradecido: da gracias al Padre porque ha revelado los misterios del Reino de Dios a los pequeños y sencillos (cf. Mt 11,25) o le da gracias antes de tomar el pan y el cáliz en la última Cena al instituir la Eucaristía, el memorial de su Pascua, la acción de gracias por excelencia. Como Jesús, el sacerdote ha de ser también de corazón agradecido y ha de dar constantemente gracias a Dios: por su elección gratuita, por el sacerdocio inmerecido y por tantos otros dones recibidos; y también por el pueblo que Dios le ha encomendado a través de la Iglesia. La acción de gracias por excelencia es la “eucaristía” que el sacerdote celebra y adora diariamente. En la Eucaristía, el sacerdote es atraído por el corazón de Jesús, que lo vincula a su sacrificio de amor por su pueblo. Él pronuncia las palabras de la consagración en nombre de Jesús, pero en primera persona: “Esto es mi cuerpo entregado por vosotros. Esta es mi sangre derramada por vosotros” (cf. Lc 22,17-19).

 

Jesús siente una profunda compasión ante las multitudes exhaustas y oprimidas, ante el dolor y el sufrimiento de los enfermos, ante la marginación o cualquier forma de pobreza material y espiritual, ante el cansancio y el agobio de la vida. “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo aliviaré” (Mt 11, 28). Él es el buen Samaritano que se detiene delante de la carne herida de los hermanos, la sana y la restablece, convirtiéndose en manifestación viviente del amor de Dios Padre. A los sacerdotes se nos pide el mismo corazón compasivo de Jesús, que se expresa en la cercanía a los que sufren, en la capacidad de reavivar la esperanza, en el cuidado de las heridas del Pueblo, especialmente a través de la mediación de la gracia sacramental. Nosotros mismos hemos de recalar en Jesús para descansar de nuestros cansancios pastorales y poner en él los agobios de nuestra vida.

 

Contemplando su Corazón, vemos que Jesús vive la propia misión desde el Padre y desde el pueblo. Sus jornadas se alimentan de su relación con Dios y de su entrega amorosa a los hermanos. La caridad de sus gestos nunca está separada del silencio y de la oración, del cultivo de su íntimo diálogo con Dios Padre. El sacerdote según el Corazón de Cristo es aquel que habita entre el Señor a quien ha consagrado la vida y el pueblo al que ha sido llamado a servir. El corazón del sacerdote es un corazón traspasado por el amor del Señor; por eso no se mira a sí mismo, sino que está dirigido a Dios y a los hermanos. Es un corazón arraigado en el Señor, cautivado por el Espíritu Santo, abierto y disponible para los hermanos.

 

El corazón del Buen Pastor es misionero, está siempre en salida, su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido. En él vemos su continua entrega; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, manso y humilde, que nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama “hasta el extremo” (Jn 13,1). El corazón del Buen Pastor está inclinado hacia nosotros, especialmente al que está lejano; así revela que desea llegar a todos y no perder a nadie. Sed pastores con corazón misionero.

 

Exhortación final

  1. Damos gracias a Dios por vuestra ordenación sacerdotal. Ojalá que vuestro ejemplo aliente también a otros jóvenes a seguir a Cristo con igual disponibilidad. Oremos para que el “Dueño de la mies” siga llamando obreros al servicio de su Reino, porque “la mies es mucha y los obreros pocos” (Mt 9, 37).

 

Que María, en el día que celebramos la memoria de su Inmaculado Corazón, os mantenga siempre en el amor a su Hijo, el Buen Pastor, os enseñe a conservar, como ella, todas estas cosas en vuestro corazón, y os proteja y aliente en la nueva etapa de vuestra vida, que ahora va a comenzar con vuestra ordenación sacerdotal. Amén.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Ordenación de dos nuevos sacerdotes diocesanos “según el corazón de Cristo”

Esta mañana, D. Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón, ha ordenado sacerdotes a Jon Solozabal Iglesias y a César Igual Coll, en una ceremonia celebrada en la Santa Iglesia Concatedral de Santa María de Castellón.

A pesar de las obligaciones impuestas por las autoridades sanitarias, los dos nuevos sacerdotes diocesanos han podido contar con el acompañamiento de un gran número de fieles, además de familiares, amigos y miembros de sus respectivas comunidades parroquiales.

A partir de hoy, Jon y César, en comunión con el Obispo y con la gracia de Dios, harán presente a Jesucristo sirviendo a la Iglesia, cumpliendo con la misión de ser sal de la tierra y luz del mundo entre las gentes de la diócesis, anunciando el Evangelio como ministros de los sacramentos y de la Eucaristía.

En su carta del domingo pasado, nuestro Obispo nos invitaba al agradecimiento, «por ello hemos de dar gracias a Dios por el don de dos nuevos sacerdotes, “porque eterna es su misericordia”». «Dios es eternamente fiel, ha prometido que no faltarán pastores a si Iglesia».

Hoy más que nunca, es muy necesaria la presencia de pastores en nuestra sociedad, «en nuestro contexto cultural, donde muchos viven al margen de la fe, la urgencia pastoral consiste en mostrar a los hombres la belleza del rostro de Dios manifestado en Cristo Jesús (cf. Rm 8, 39) y facilitar el encuentro salvador con Dios, abriendo nuevos caminos de acceso a Él», continuaba D. Casimiro en la carta.

Esta mañana, ha comenzado la homilía agradeciendo a los rectores, formadores, sacerdotes y familias por cuidar y velar por la formación y vocación de César y Jon, y les ha dicho, “sois dones del amor misericordioso de Dios para nuestra Iglesia diocesana que se ve agraciada en vuestros corazones, nos unimos a vuestra alegría, y juntos cantamos al Señor por su gran amor para con nosotros, para con vuestras familias, para con nuestra Iglesia, pues Dios nunca nos abandona, es eternamente fiel y nos sigue concediendo pastores según su corazón”.

“El Señor os elige y os consagra presbíteros para ser pastores en la Iglesia, y mediante la imposición de mis manos y la plegaria de la consagración quedaréis convertidos en presbíteros, para ser pastores del Pueblo Santo de Dios que Él adquirió con su propia sangre”, ha continuado.

“Sois elegidos por el Señor, no lo olvidéis nunca”. “Es el Señor mismo quien os ha elegido para ser santos y propiedad suya, el Señor se enamoró de vosotros y os eligió”, ha recordado a los nuevos sacerdotes.

Gracias a la consagración sacerdotal recibida “el Señor os hace sacerdotes de su propiedad, y así nos lo recuerda el gesto de la imposición de las manos, pues cuando a continuación os imponga las manos es el Señor mismo quien lo hace, y tomará posesión de cada uno de vosotros diciéndoos, `tú me perteneces a partir de ahora´, y de este modo dice también `tú estás bajo la protección de mis manos´”.

También les ha animado a acogerse a Dios en su ministerio sacerdotal, pues “el Señor siempre estará en vosotros y a vuestro lado para protegeros y alentaros, y para cuidaros en la inmensidad de su misericordia, Él será siempre vuestra fuerza y vuestro sustento, dirigid siempre vuestra mirada hacia Él, y acoged su mano, y así no correréis el peligro de abandonar el amor primero de este día de vuestra ordenación”.

El Obispo ha recordado de nuevo que “nuestra Iglesia y nuestra sociedad necesitan sacerdotes y pastores según el corazón de Cristo”, explicando que este corazón es, ante todo, un corazón misericordioso, agradecido, compasivo, que no se mira a si mismo, y misionero.

Para terminar, ha expresado el deseo de toda la Iglesia de que el Señor siga llamando a personas concretas para dar continuidad a su misión, “ojalá que vuestro ejemplo aliente también a otros jóvenes a seguir a Cristo con igual disponibilidad y entrega, y oramos al dueño de la mies para que siga llamando a obreros al servicio de su Reino, porque la mies es mucha, y los obreros pocos”.

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Sacerdotes según el corazón de Cristo

Queridos diocesanos:

En el centro del Corpus Christi, que celebramos este domingo, está la Eucaristía, que “contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida” (PO 5). La Eucaristía es vital para la Iglesia; es la fuente de la que nos nutrimos y la cima a la que caminamos para vivir el día a día de modo que el amor de Dios, ofrecido en Cristo, llegue a todos. Sin la Eucaristía no hay Iglesia; y sin la Iglesia y sin sacerdotes no hay Eucaristía. Por ello hemos de dar gracias a Dios por el don de dos nuevos sacerdotes, “porque eterna es su misericordia”, que ordenaré el próximo sábado.

Dios, que es eternamente fiel, ha prometido que no faltarán pastores a su Iglesia: “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3,15). Y el ‘corazón’ de Dios se nos ha revelado plenamente en el Corazón de Cristo, el Buen Pastor; un Corazón que sigue hoy teniendo compasión de las muchedumbres y dándoles el pan de la verdad, del amor y de la vida (cf. Mc 6, 30 ss.), y desea palpitar en los corazones de los sacerdotes para que sean pastores en su nombre y persona (cf. PDV 82).

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Decreto de convocatoria al Sagrado Orden del Presbiterado

SAGRADO ORDEN DEL PRESBITERADO

 

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

Por el presente y a tenor de la normativa eclesial anuncio que el próximo día 20 de junio de 2020 a las 12:00 horas, tengo previsto, D.m. y si las disposiciones de las autoridades civiles así lo permiten por la pandemia del Covid-19, administrar en nuestra Santa Iglesia Concatedral de Santa María de Castellón de la Plana, el Sagrado Orden del Presbiterado a aquellos candidatos, que, reuniendo las condiciones establecidas en la normativa canónica, habiendo cursado y superado los estudios eclesiásticos así como estando preparados humana, espiritual y pastoralmente bajo la orientación y guía de sus formadores y la autoridad del Obispo, aspiren a la recepción del Presbiterado.

Los aspirantes deberán dirigir al Sr. Rector del Seminario Diocesano respectivo, la correspondiente solicitud, acompañada de la documentación pertinente en cada caso, de conformidad con lo que establece en can. 1050 del CIC, a fin de comenzar las encuestas y, una vez realizadas las proclamas en las parroquias de origen y domicilio actual, otorgar, si procede, la autorización necesaria para que puedan recibir el sagrado Orden del Presbiterado.

El Sr. Rector respectivo me presentará, al menos quince días antes de la citada fecha, los informes recabados, y, una vez concluido el proceso informativo, trasladará a nuestra Cancillería toda la documentación establecida en nuestra Diócesis a los efectos pertinentes y para su conservación en el Archivo de nuestra Curia.

Publiques este Decreto en el Boletín Oficial de este Obispado y los medios acostumbrados, y envíese copia a los Sres. Rectores para su público e inmediato conocimiento.

Dado en Castellón de la Plana, a veintidós de abril del Año del Señor de dos mil veinte.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Doy fe,

Ángel-Eusebio Cumbicos Ortega

Canciller-Secretario General

 

 

Ocho nuevos Diáconos Permanentes para la Iglesia de Segorbe – Castellón

A mediodía, la S. I. Concatedral  de Santa María de Castellón se ha vestido de fiesta para acoger la ordenación de ocho laicos como diáconos permanentes. Sus esposas e hijos, sus familiares y amigos, junto a fieles del resto de la Diócesis y numerosos sacerdotes, han llenado la concatedral para asistir a la ceremonia.

Se trata de Daniel, Carlos, Julio, Alejandro, Guillem, Vicente, Manuel y Francisco, que pertenecen a las parroquias de Santo Tomás de Villanueva de Castellón, Santo Tomas de Villanueva de Benicàssim, Ntra. Señora del Carmen de Burriana, Santa Sofía de Vila-real, La Asunción de Benassal y San Bartolomé de Torreblanca.

Al inicio de su homilía, el Obispo se dirigía a los ordenados asegurando que su ordenación y vocación al diaconado permanente «es una muestra más de la misericordia divina para con cada uno de vosotros, para vuestras familias y comunidades, y sobre todo para nuestra Iglesia diocesana de Segorbe – Castellón», y recordaba que «casi 30 años después, nuestra diócesis acoge de nuevo la ordenación de diáconos permanentes».

Casimiro López Llorente ha manifestado su gran alegría por la ordenación, «vuestra vocación y ordenación son dones de Dios que enriquecen al pueblo santo de Dios que peregrina en esta tierra, y nos recuerda a la vez que nuestra iglesia es servidora de Cristo y de los hombres, por eso hoy está de fiesta», señaló.

Les ha animado a no tener miedo, «¡no tengáis miedo!, os dice el Señor hoy a vosotros, pues Dios os concede el don del diaconado, os concede la fuerza para vivirlo con pasión y alegría, con fidelidad, entrega y perseverancia», pero también les ha advertido de que «es bueno que lo acojáis y lo viváis siempre con el temor de Dios para que no dejéis nunca de sentiros pobres y necesitados de Dios, ante la grandeza del ministerio que hoy os es concedido».

«El Señor va a enviar sobre vosotros su Espíritu Santo y os va a consagrar diáconos para siempre, y seréis a partir de ahora en la Iglesia y en el mundo, signo e instrumento de Cristo siervo, que vino, no para ser servido sino para servir», ha continuado. Así, también les ha pedido que «no os sintáis nunca señores sino servidores, no caigáis en la tentación de la vanidad, o de buscar la grandeza mundana de ser el primero o el mayor de todos».

RITO DE ORDENACIÓN DE LOS NUEVOS DIACONOS
Tras la homilía ha comenzado el rito de ordenación, en el que el Obispo ha ido llamando a los ocho aspirantes al diaconado permanente para preguntarles sobre sus disposiciones delante de todos los presentes.

Después de jurar respeto y obediencia, se han postrado en el suelo en señal de humildad durante la oración de los fieles, y en un gesto heredado de los apóstoles, el Obispo ha impuesto las manos sobre la cabeza de los candidatos, confiriéndoles así, autoridad y capacidad para ejercer la función de diácono, y les ha entregado el Evangelio como signo de enseñar y proclamar la Buena Noticia.

Una vez revestidos con la dalmática y la estola cruzada, los diáconos fueron recibidos por el Obispo con el signo y el abrazo de la paz.

COMISIÓN PARA EL DIACONADO PERMANENTE

Al finalizar, Casimiro López Llorente ha anunciado la creación de una “Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente”, «para que sigáis siendo acompañados en vuestra formación, en vuestra tarea, en vuestro espíritu, unidos a vuestras esposas, para que sigáis recibiendo el apoyo personal y colegial».

 

 

 

 

 

 

El obispo de Segorbe-Castellón ordena a tres nuevos diáconos

Monseñor López Llorente ha ordenado diáconos a los seminaristas César Igual, Jesús Chávez y Jon Solozábal, como paso previo al presbiterado. La ceremonia ha tenido lugar en la concatedral de Santa María de Castellón, que ha contado con la presencia multitudinaria de sacerdotes en la celebración eucarística, así como la asistencia numerosa de fieles, entre los que se encontraban los familiares de los nuevos diáconos, que han querido acompañarles en esta solemne y preciosa ceremonia. Leer más

Ordenación diaconal: “La mejor forma de llevar el Amor de Dios a los otros es dar la vida”

César Igual, Jesús Chávez y Jon Solozabal, nuevos diáconos en vistas al sacerdocio

El sábado 7 de diciembre, víspera de la Inmaculada, Mons. Casimiro López Llorente ordenará diáconos a los seminaristas César Igual, Jesús Chávez y Jon Solozábal, como paso previo al presbiterado. La ceremonia será en la Concatedral de Santa María de Castellón a las 12h. Previamente, el jueves 5 han participado en una vigilia de oración vocacional y testimonial en la parroquia de la Santísima Trinidad, en Castellón. Demos gracias a Dios por este regalo y oremos por estos nuevos servidores del Pueblo de Dios en Segorbe-Castellón.

¿Cómo reconocisteis la llamada de Dios al sacerdocio?

César Igual (CI). Creo que la llamada la recibí en la adolescencia, pero no la atendí e hice mi vida por mi cuenta. Esa autonomía me llevó a una falta de sentido e insatisfacción existencial. Entonces reconocí aquella llamada de la adolescencia e inicié un camino de conversión.La llamada al sacerdocio la recibí comprendiendo y siguiendo la providencia divina.

– Jesús Chávez (JC). Hubo dos momentos. El primero fue durante una convivencia de inicio de curso del Camino Neocatecumenal en la que se habló sobre la vocación. Los catequistas decían que el Señor te puede llamar a un noviazgo cristiano en vistas a una familia cristiano, a la vida consagrada o al sacerdocio, y aseguraban que la felicidad está en hacer la voluntad de Dios. A partir de ese momento comencé a pedir al Señor que me iluminara cuál era su voluntad, y que si era que me fuera al seminario, que me diera la fuerza de decirle que sí. Unos meses después asistí a un encuentro vocacional centro americano en El Salvador. Después de la predicación, en la que se hizo referencia al pasaje de la carta a los Corintios en la que se dice que no vivamos para nosotros mismo, sino para el Señor, vi que Dios me estaba llamando a vivir para Él. En ese momento no lo sabía, pero había estado todo el tiempo viviendo para mí. Allí es donde siento la llamada. Con el tiempo he podido reconocerla gracias a un proceso de discernimiento vocacional en el Seminario y a través de la Iglesia.

– Jon Solozabal (JS). La primera vez que sentí la llamada fue durante la Jornada Muncial de la Juventud de Sydney en 2008 con Benedicto XVI. En aquella época me encontraba en una situación de crisis existencial. Tenía 17 años y no entendía mi vida. Estaba en rebeldía conmigo mismo, con mi historia, no aceptaba a mi familia, y había fracasado en todo. Había abandonado los estudios y estaba trabajando. Aunque seguía en la Iglesia y tenía mi comunidad, llevaba una vida pagana. Y a través de esa peregrinación vi que Dios me llamaba a cambiar de vida. Concretamente fue en el encuentro vocacional al final de la peregrinación, con los iniciadores del Camino Neocatecumenal, en el que el Señor tocó mi corazón por el anuncio del kerygma con una catequesis sobre Zaqueo, en la que yo me vi muy reflejado en la pobreza de este recaudador de impuestos. Cuando Kiko Argüello pidió vocaciones para el presbiterado, me levanté. Mejor dicho: el Señor me levantó, porque yo estaba totalmente incapacitado para levantarme. Un año después entré en el Seminario. Esa llamada se ha confirmado en mi vida gracias a la ayuda y el discernimiento de la Iglesia durante 10 años de formación.

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ordenación diaconal Ndagijimana

Ordenación diaconal de D. Servilien Ndagijimana en Almenara

Desde un buen rato antes de comenzar la celebración a mediodía, la iglesia parroquial de los Santos Juanes de Almenara ya estaba llena. La población se había apresurado a coger sitio en los bancos junto a fieles del resto de la Diócesis. Fuera, un tapiz de hojas guiaba desde el local parroquial hasta el templo la procesión de entrada, con el Obispo, mons. Casimiro López Llorente, los vicarios episcopales, el rector del Seminario Mater Dei, numerosos sacerdotes y Servilien Ndagijimana, preparado para recibir la ordenación diaconal. Santa Genoveva Torres, desde el Cielo, seguro que sonreía.

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“Por la ordenación seréis desde hoy epifanía de Cristo para los hombres”

 

David Escoín y Francisco Javier Phuc Pham han estado este sábado en el centro de atención del Pueblo de Dios que camina en Segorbe-Castellón. En una Concatedral de Santa María llena y fervorosa, mons. Casimiro López Llorente les ha conferido la ordenación sacerdotal, un don – como el Obispo afirmaba en la homilía- que hará de ellos “epifanía para los hombres del único sacerdote, que es Cristo”. Centralidad de Cristo, servicio y anuncio de Evangelio son los grandes retos de los nuevos presbíteros.

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