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Homilía en la Fiesta de María, la Mare de Déu del Lledó

Basílica de la Mare de Déu de Lledó, 3 de mayo de 2020

 IVº Domingo de Pascua

 (Is 7,10-14; 8,10; Salmo; Hech 1,6-14; Lc 1,39-56)

 

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. Desde hace muchos años, el primer domingo de mayo, el mes de María, Castellón celebra la Fiesta mayor a su Reina y Patrona, la Mare de Déu del Lledó. Tampoco la actual pandemia del coronavirus nos podía mover a trasladarla para tiempos de bonanza. Precisamente en estos momentos hemos de mirar con más fe y devoción a la Virgen. Como rezaba san Bernardo, si te encuentras con los arrecifes de la tribulación, mira a la estrella e invoca a María; en los peligros, en las angustias, en las dudas, -y, añado, en la tragedia de la pandemia- piensa en María, invoca a María. Nos duele que la Santa Misa tenga que ser a puerta cerrada y que no podáis venir hoy a la Basílica para cantar, vitorear y rezar a la Virgen; pero la tv os permite a todos los devotos haceros presentes y uniros a esta Eucaristía.
Os saludo de corazón a todos, los que os habéis unido a nosotros por la TV, y especialmente a las familias los fallecidos, a los enfermos, a los contagiados, a los sanitarios, a los capellanes, a los ancianos, a las familias y los que estáis solos en vuestras casas. Saludo también a quienes me acompañan en la Basílica: a su Prior, al Prior de la Cofradía, su Presidente y la Presidenta de las Camareras, al Perot y Clavario de este año, a los que nos acompañan con el órgano y los cantos, a los MCS y la TV. A todos os deseo la Gracia y la Paz del Señor Resucitado, el Buen Pastor. Con el salmista podemos decir: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22). Dios no nos abandona nunca. Nos ha entregado a su Hijo, el Buen Pastor, que ha ofrecido su vida en la Cruz y ha resucitado para que en Él tengamos Vida en abundancia. Jesús nos ha dado también a su Madre, como Madre nuestra. Ella es la “morada de Dios para los hombres”: en ella, Dios ha acampado entre nosotros; en María, el Buen Pastor está siempre con nosotros.

2. De la riqueza de la Palabra de Dios, que hemos proclamado, nos vamos a detener hoy en tres palabras: oración, signo y misión. Tres palabras que expresan lo que se nos pide de modo especial a los cristianos y devotos de la Virgen en la actual crisis sanitaria; y, más si cabe, ante la creciente crisis económica, laboral y social ya en el presente y que será mayor aún en el sombrío futuro, que se avecina.

En primer lugar, está la oración. Después de la Ascensión del Señor, los apóstoles y el resto de los discípulos, regresaron a Jerusalén y “todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hech 1,14). Como entonces, también hoy María se une a nuestra oración en la angustia, el dolor y el sufrimiento. La Virgen nos invita a volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios, a confiar en Él, sabiendo que Dios nos ama y nunca nos abandona, ni en la enfermedad, ni en el dolor, ni en la pandemia, ni tan siquiera en la muerte. En cada Santa Misa actualizamos el misterio pascual, la muerte y la resurrección de Cristo para que en Él tengamos Vida. María, asumpta en cuerpo y alma a los Cielos, participa ya de la Resurrección de su Hijo, de la Vida misma de Dios. Ella vive junto a Dios e intercede por nosotros.

Hoy nos acogemos de nuevo a su protección e intercesión: a sus pies podemos acallar nuestras penas, en su regazo encontramos consuelo maternal y, tras sus huellas, encontramos el aliento necesario para seguir creyendo y confiando en Dios, que es un Dios de vivos y no de muertos. Esta mañana a los pies de la Mare de Déu y por su intercesión pedimos a Dios que nos libre pronto de esta pandemia; que conceda a los fallecidos el descanso eterno y la gloria del Resucitado y a sus familiares les otorgue consuelo en el sufrimiento y el bálsamo de la esperanza en la tribulación; y oramos por los contagiados para que recuperen pronto la salud y por los sanitarios y quienes cuidan de todos nosotros para que no decaigan en su entrega y fortaleza.

3. María no sólo es nuestra protectora e intercesora: ella es también signo. Es el signo que Dios dio al rey Acaz ante el peligro de la invasión de Jerusalén por el imperio de Asiria; en esa situación, Acaz buscaba ayuda en la alianza con Egipto y no en la fe confiada en Dios. “Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. –Le dice el profeta Isaías- Mirad: la virgen está encinta, y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel” (Is 7,14). María es el signo que Dios nos da dado para que sintamos siempre su presencia en nuestra vida, en las alegrías y en las penas, en la enfermedad y en la salud. María es la madre del Enmanuel, de Dios-con- nosotros. María nos da, nos ofrece y nos lleva a su hijo, Dios-con-nosotros, que sufre y camina con nosotros. El deseo más ferviente de María es que acojamos y nos dejemos encontrar por Cristo Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida, para que nos convirtamos a Él, para que abramos nuestro corazón a Él en especial en estos momentos de pandemia. La Virgen es signo además porque nos señala el camino para abrir el corazón a Dios: y este camino es la humildad. En el Magnificat, la Virgen proclama la grandeza del Señor y se alegra en Dios, su Salvador, “porque ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1,48). María es la mujer sencilla y humilde. Y al decir humilde, decimos “veraz”; es decir, ‘en verdad’; pues -como decía Santa Teresa de Jesús- “la humildad no es más que andar en verdad”. La humildad no es apocamiento. No. La humildad es vivir en la verdad de uno mismo y de nuestro mundo, que, como María, esto sólo se descubre en Dios.

“La humildad es vivir en la verdad; y la verdad es que, sin Dios, no somos nada”. A los seres humanos nos cuesta aceptar esta verdad: que somos criaturas de Dios; que cuanto somos y cuanto tenemos a Dios se lo debemos; que sin Dios nada podemos y contra Dios todo lo perdemos. Nos acecha la tentación de endiosarnos y de querer ser como dioses al margen de Dios. Y ahí comienza nuestro drama: empezamos a vivir en la mentira, en la apariencia, en competencia con los demás, en la lucha por el dinero y por el poder sobre personas y pueblos. Al no vivir en la verdad, nos creemos dueños y señores, y no administradores y cuidadores de la naturaleza creada, del universo, de la tierra o del ser humano. Nos creíamos los señores del mundo. Y, de repente, el coronavirus ha cuestionado todos nuestros proyectos, nuestro ritmo de vida y bienestar, la sanidad, la economía y el trabajo, y también nuestro futuro. Nos creíamos dioses y nos vemos frágiles, vulnerables, limitados y mortales, expuestos a la acción letal de un bichito microscópico. Parece que hubiéramos perdido la tierra bajo los pies.

Miremos, esta mañana a Santa María del Lledó, Madre de la Esperanza. Su humildad no ayudará vivir en la verdad. En la verdad de nuestras personas, de nuestra existencia, de nuestro origen y de nuestro destino. Sin Dios no somos nada. Lo más grande de nuestra vida es que Dios nos ama, que Dios nos ha creado por amor y para la vida en el amor, en el presente y en la eternidad. El ser humano se hace precisamente grande al abrir su corazón de par en par al amor de Dios en su vida, como nos muestra María. Dios no es un competidor de nuestra libertad, de nuestra felicidad, del progreso verdaderamente humano.
Esta situación de pandemia nos urge a repensar nuestros modelos vida, personales, familiares, económicos, sociales y políticos. Pidamos a la Virgen que nos enseñe a ser humildes y a reconocer nuestra finitud y fragilidad, nuestras limitaciones –también las de la ciencia y de la sociedad del bienestar-; y que Ella nos ayude a sentir nuestra necesidad de Dios y de abrir, como ella, nuestro corazón a Dios Creador y Salvador y a su amor universal; un Dios y un amor que son fuente de respeto de la dignidad de toda persona humana, de la acogida del otro, de fraternidad y solidaridad entre las personas y los pueblos, de respeto y cuidado de la creación entera.

4. La tercera palabra es misión, una misión que se hace caridad. María “se puso en camino y fue aprisa a la montaña” a visitar a Isabel (cf. Lc 1,39). A pesar de las dificultades, María no se detuvo ante nada. Cuando tiene claro lo que Dios le pide y la necesidad de Isabel, no se demora, sino que sale “aprisa”. El actuar de María es fruto de su caridad: va a la casa de Isabel para ayudarle, para hacerse útil en la necesidad; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: lleva a su Hijo, ya en su seno virginal.

Con frecuencia, los cristianos somos lentos y perezosos para salir, ofrecer y llevar a los necesitados nuestra ayuda, nuestra cercanía y nuestra caridad; y para ofrecer como María, lo más precioso hemos recibido, a Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio de nuestras obras. Es claro que María nunca tuvo la tentación de separar el amor a Dios del amor al prójimo. A ambos amores, entrelazados en su alma, se dedicaba con todo el corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas. Tampoco la detuvieron los peligros del camino. María salió de Nazaret, simplemente para servir. Servía a Dios y sirvió a su pariente necesitada. Había tocado su alma El que vino a servir y no a ser servido, y al instante dejó la Virgen el calor del hogar.

María nos enseña a estar disponibles para servir y amar con obras de verdadera entrega y caridad a los demás. Ella es la mujer inquieta que siempre está pendiente de los que pasan por alguna necesidad. Así ocurrió con su prima Isabel. María nos pide que estemos cerca de los que sufren, de los contagiados y de los sanitarios, de las familias de los fallecidos, de los mayores, de los que sufren soledad o están abatidos. Todos necesitan sentir a través de las obras de caridad de los creyentes la cercanía del amor de Dios.
Cada vez hay más personas y familias que nos necesitan y que necesitan lo imprescindible para vivir. El mejor termómetro – el test con la mayor fiabilidad- está en nuestras parroquias y nuestras cáritas. Ellas nos dicen que están ya desbordadas en las peticiones de todo tipo de ayuda. Las necesidades superan ya nuestras posibilidades económicas y la necesidad va creciendo y crecerá más en el futuro. Esto va a pedir de todos, un mayor esfuerzo y compromiso para ayudar a los afectados por todo tipo de necesidad. Que como María sepamos mostrar “sin demora” nuestra caridad y solidaridad efectiva. Que nuestra devoción a María nos ayude a no ser indiferentes ante las necesidades de los demás y compartir con ellos cuanto somos y tenemos.

Acudamos a la Mare de Déu del Lledó, para que abra nuestros corazones a Dios y a los hermanos. A Ella nos encomendamos y le rezamos: “Ayúdanos, Madre, a ser humildes y a mantenernos firmes en la fe, perseverantes y unánimes en la oración y fuertes en el amor a Dios y a los hermanos. Amén.

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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La Virgen María, estrella y camino

Queridos diocesanos:

En unos días comienza el mes de Mayo, el mes dedicado por excelencia a la Virgen María en toda la Iglesia católica; un mes para honrar a la Virgen con flores y cantos, para rezarla, para agradecer su presencia en medio de nosotros, para sentirnos amados por ella y para dar gracias a Dios por tan buena Madre. Así lo haremos en tantas parroquias y familias; con esta fe y devoción marianas celebraremos también el día 3 de mayo, primer domingo del mes, a la Mare de Déu del Lledó, Patrona de Castellón.

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Visita pastoral Lladó 3

Nota del Obispo sobre la fiesta de la Mare de Déu del Lledó

Se acerca la fecha de la Fiesta de la Virgen Santa María, la Mare de Déu del Lledó, nuestra Madre y Señora, y Patrona de Castellón, que celebramos anualmente el primer Domingo de Mayo. En esa fecha seguirá en vigor previsiblemente el actual estado de alarma, el confinamiento domiciliario de la población y las medidas para evitar la expansión del coronavirus, lo que no nos permitirá celebrar esta Fiesta del modo acostumbrado.

 

Ante preguntas y rumores al respecto, deseo aclarar lo siguiente:

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Las parroquias se preparan a la fiesta de San Antonio Abad

Una de las tradiciones más vivas en los pueblos de la Diócesis es la fiesta de San Antonio Abad, el 17 de enero, y su tradicional bendición de animales. El que se considera padre del monaquismo, nació en Egipto hacia el año 250. Al morir sus padres, obediente a la palabra de Cristo “si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y luego vente conmigo”, se retiró al desierto. Allí se le unieron numerosos discípulos y fue abad de una comunidad.  Murió el año 356.

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Lledó participa en el Encuentro Nacional de Rectores de Santuarios

El III Encuentro conjunto de Rectores de Santuarios y Delegados de Peregrinaciones, Piedad Popular se celebró del 23 al 25 de septiembre en el Cerro de los Ángeles, en Getafe, con motivo del centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús (1919-2019) por el Rey Alfonso XIII. La Diócesis estuvo representada por el prior de la Basílica del Lledó mossén Josep Miquel Francés, entre cincuenta rectores y delegados más. También participaron los responsables de lugares de la importancia del Camino de Santiago, el Santuario de Torreciudad, Caravaca de la Cruz o Montserrat. Leer más

La Policía Nacional celebra sus patronos, los Santos Ángeles Custodios, en la Basílica de la Mare de Déu del Lledó

La Basílica de la Mare de Déu del Lledó, patrona de la ciudad de Castellón, se ha llenado esta mañana con toda clase de uniformes. Había representantes del Ejército y de la Guardia Civil, en tonos tierra, pero los protagonistas eran la Policía Nacional, en azul, que este 2 de octubre celebran sus patronos, los Santos Ángeles Custodios. Mons. Casimiro López Llorente ha presidido la Eucaristía, y ha aprovechado para manifestar su gratitud por acompañarlos también como obispo en su tarea al servicio de la sociedad.

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Magníficat Lledó

Castellón conmemora los aniversarios de la Coronación de la Virgen del Lledó y la Consagración de Santa María

A las 13h en punto del 4 de mayo, como hace 95 años, los fieles de Castellón han entonado con fe y devoción el canto del Magníficat en recuerdo de la Coronación de la imagen de la Mare de Déu del Lledó. Este año, además, también se cumplían 20 años de la consagración de la Concatedral de Santa María, por lo que se han encendido las cruces de los pilares. Mons. Casimiro López Llorente ha valorado que las fiestas patronales de la ciudad sigan siendo testigo de las raíces cristianas de la sociedad: “Solo si Dios está presente, habrá justicia y paz”, afirmaba.

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Lledó Jospe Miquel Francés

“Lledó es la manifestación exterior de un sentimiento que se desarrolla durante todo el año”

Las fiestas de la patrona de Castellón vuelven un mayo más. La Basílica de la Mare de Déu del Lledó celebra además el 75 aniversario de la consagración del altar y bendición del retablo. El prior, mossèn Josep Miquel Francés, explica cómo el santuario es una fuente de evangelización durante todo el año. El domingo, La Ocho Televisión retransmitirá en directo la misa pontifical a las 11h.

¿Qué representa para Castellón las fiestas de la Mare de Déu del Lledó?

– Es la manifestación exterior de un sentimiento que se desarrolla durante todo el año de manera íntima y personal. En los días de la fiesta se exterioriza como manifestación de devoción a la Madre del Señor y a su Hijo Jesús.

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Fiesta Virgen del Lledó 2018

Castellón se dispone a celebrar a su patrona, la Mare de Déu del Lledó

Las fiestas de la patrona de Castellón vuelven un mayo más. La Basílica de la Mare de Déu del Lledó celebra, además, el 75 aniversario de la consagración del altar y bendición del retablo. Las principales celebraciones religiosas son el triduo y la pontifical del domingo próximo. Desde el jueves se reza el Tríduo, que este año estará dedicado a la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer, a las Hermanas de San Vicente de Paúl, y a las Familias. La otra gran cita será domingo 5, con la Misa presidida por el Obispo diocesano a las 11h. Por la tarde, a las 18h, tendrá lugar la procesión.

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